Liquidez + Caja: El filtro de AI
El viernes vimos un contraste que a muchos les desconcierta: por un lado, la Reserva Federal inició compras de Treasury bills bajo el paraguas de Reserve Management Purchases (RMP) —lo que en redes se bautizó rápidamente como “QE técnico”— y, por el otro, el Nasdaq y el S&P 500 terminaron en rojo con una caída que se sintió fea para cualquiera que venía subido al tren de la inteligencia artificial.
Esa tensión es precisamente el corazón de la historia que vale la pena contar hoy, porque ayuda a poner orden en el ruido: no todo lo que suena a “QE” funciona como un botón mágico para subir acciones, y no toda caída es el inicio de un mercado bajista. A veces una corrección es un mecanismo de salud del mercado… y, al mismo tiempo, una prueba de fuego que deja en evidencia quién está construyendo un negocio sostenible alrededor de AI y quién solo está vendiendo una narrativa.
“QE técnico”
Arranquemos por lo básico. El programa de RMP no es un giro “dovish” clásico con intención de estimular la economía; es, sobre todo, una operación de plomería monetaria. El mensaje implícito es: “queremos mantener un nivel de reservas suficientemente amplio para que el sistema de tasas funcione sin sobresaltos”. Por eso el mercado lo llama “QE técnico”: la hoja de balance crece, sí, pero el objetivo no es empujar el crédito al consumidor ni revivir la actividad de golpe, sino evitar fricciones en el mercado monetario.
El primer día de ese calendario empezó con una compra programada de alrededor de 8.2 mil millones de dólares en bills, dentro de un plan mensual cercano a 40 mil millones. Suena grande… hasta que lo comparas con la fuerza de venta que puede desatarse cuando un mercado está muy concentrado en un solo tema (AI) y aparecen dos miedos al mismo tiempo: valoraciones y retorno real del capex.
El viernes no cayó “todo”. Lo que cayó con ganas fue el complejo de tecnología y semiconductores, justo donde el mercado venía más complaciente por performance reciente. Y el detonador fue muy específico: el “one-two punch” de Oracle y Broadcom. Broadcom encendió la alarma al reconocer presión de márgenes asociada a ventas relacionadas con sistemas AI, y eso reavivó la conversación incómoda que nadie quiere tener en máximos: “¿y si la inversión en AI está creciendo más rápido que la capacidad de convertirla en caja?”.
En paralelo, el mercado venía digiriendo el golpe de Oracle, que no solo decepcionó en las proyecciones sino que además puso sobre la mesa el tipo de frase que hunde acciones en segundos: capex más alto de lo esperado y un camino de monetización que, por ahora, luce menos claro. Y aquí aparece el punto que nos importa: cuando una empresa proyecta más gasto para “ganar la carrera” de AI pero el mercado empieza a ver flujo de caja libre (free cash flow) bajo presión o directamente negativo, el castigo suele ser inmediato.
Ese día, además, se sumó un ingrediente que siempre complica a las empresas de narrativa de crecimiento: el repunte de los rendimientos del Tesoro. Cuando suben los rendimientos, sube la tasa de descuento, y el mercado se pone más quisquilloso con las historias que prometen “beneficios en el futuro”. El resultado final fue una sesión que se sintió como un recordatorio: puedes tener liquidez mejorando en el sistema, pero si el inversor teme que el retorno de la inversión en AI no llegue al ritmo esperado, la corrección ocurre igual.
Corrección sana no es “pánico”
Los techos importantes suelen venir después de un período de euforia. No solo porque el mercado esté alto, sino porque el sentimiento se vuelve unánime, cómodo, confiado; la gente deja de pensar en riesgo y empieza a comprar cualquier cosa con tal de no quedarse afuera.
Lo interesante segun SentimentTrader es que, incluso después de un rally largo, no ve señales de ese “optimismo desbordado” que históricamente suele anteceder a los grandes tops. Su lectura de sentimiento sugiere más bien un mercado con inversores todavía cautos, preocupados de que “se caiga el piso”, construyendo esa famosa "pared de preocipacion" (wall of worry) que, paradójicamente, puede sostener la tendencia alcista por más tiempo. La clave, en su marco, es entender que una corrección del 5% al 10% puede pasar en cualquier momento y no contradice un bull market; lo que sí suele ser más peligroso es cuando el mercado sube y el miedo desaparece.
Entonces, ¿qué significa eso para un inversor/operador hoy? Que el viernes pudo haber sido menos un “cambio de régimen” y más un ajuste necesario: una sacudida para enfriar expectativas, resetear posicionamiento y recordar que el precio no sube en línea recta. Las correcciones sanas hacen dos cosas a la vez: quitan espuma y, si la tendencia de fondo es alcista, crean mejores puntos de entrada para el dinero que sabe esperar.
Pero ojo: “corrección sana” no significa que todo lo que baja sea comprable. Y aquí es donde se conecta el sentimiento con la selección de acciones.
La nueva regla del trade AI
La narrativa de AI es real. La demanda de cómputo es real. La carrera por data centers, GPUs/TPUs, networking y capacidad energética es real. El problema es que el mercado, después de meses de subidas, ya no quiere escuchar solo el “cuento”. Quiere ver la cuenta.
Y la cuenta se resume en una pregunta: ¿estás financiando tu ambición con flujo de caja positivo o con deuda y promesas?
En el extremo frágil están los casos donde el capex se dispara, los retornos son inciertos y la caja se tensiona. El ejemplo perfecto para entender el castigo del mercado es Oracle: cuando el gasto de inversión crece y el inversor percibe que la empresa está empujando el futuro a costa del presente —presionando el flujo de caja libre— la acción se convierte en el lugar donde el mercado descarga su miedo a una “burbuja de capex”. No es una discusión moral, es contabilidad aplicada al precio.
En el extremo disciplinado están las empresas que también están invirtiendo fuerte en AI, pero lo hacen desde una posición de fortaleza financiera. Aquí aparece un ejemplo que vale oro para el lector que quiere ser selectivo: Alphabet (Google).
Alphabet está elevando capex de forma agresiva para infraestructura de AI —servidores y data centers—, pero al mismo tiempo mantiene la máquina de generación de efectivo encendida. Es una compañía que puede permitirse construir capacidad porque su core (publicidad, ecosistema, cloud) produce caja a escala. Y cuando una empresa puede financiar la expansión sin depender de un mercado de crédito “perfecto”, cambia el riesgo estructural del trade.
Esta diferencia es la que separa ganadores y perdedores cuando el mercado deja de estar enamorado de la historia y vuelve a su naturaleza: premiar la ejecución. El ganador típico en AI no es necesariamente el que grita más fuerte “somos AI”, sino el que consigue tres cosas simultáneas: crecimiento, margen defendible y flujo de caja libre que no se desintegra en el camino.
Aquí viene la parte que, para mí, hace que el viernes sea útil: te obliga a mirar tu cartera con una lupa distinta. Si una empresa te gusta porque “está en AI”, perfecto, pero la pregunta madura es otra: ¿qué tan rápido puede convertir esa narrativa en caja? ¿Cuánto capex necesita para sostener el crecimiento? ¿Qué tan dependiente es de financiarse con deuda? ¿Qué pasa con esa historia si los rendimientos de los bonos suben y el dinero se vuelve más exigente?
En un mercado donde el sentimiento general todavía no huele a euforia total, las correcciones suelen ser oportunidades… pero oportunidades para el inversor disciplinado, no para el comprador impulsivo. La disciplina, en este contexto, suena menos glamorosa que “AI hasta la luna”, pero es la que paga la cuenta: priorizar empresas con ganancias consistentes, flujo de caja libre positivo, y una estructura de deuda mínima o controlada.
Y eso nos deja una conclusión que vale como regla práctica para el próximo trimestre: si el “QE técnico” aparece y aun así el mercado corrige, no es necesariamente una señal de pánico. Puede ser el mercado haciendo su trabajo: enfriar excesos y forzarte a diferenciar entre el que invierte para ganar y el que invierte para sobrevivir.
Al final del día, la narrativa es el anzuelo… pero el precio lo mueve el flujo de caja.
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